En este apartado encontrarás mi sentir más íntimo expresado en palabras. Sin un formato determinado, ni límites de texto. Sin una intención concreta más que compartirlas, sacarlas de dentro para poderlas mirar de frente y que conecten con otras personas que lloren y rían en mi mismo idioma.
Bienvenida y bienvenido a mi mundo en constante cambio.
PRIMERA PARADA: REALIDAD VS EXPECTATIVAS.
20 MAYO 2023
Tras respirar hondo y de forma completa varias veces, después de que me aceptaran la petición de dejar mi puesto de trabajo como profesora, me encontré con el título que he utilizado.
Las expectativas en las que mi mente se había paseado danzando con gozo y diversión, se cayeron como un castillo de naipes al hacerse mis sueños realidad. Creía que tenía que encontrar un sitio tranquilo, lleno de silencio y paz para que pudieran salir todas las ideas que llevaban revoloteando de manera incesante y, a veces hasta incómoda, en mi cabeza. Sentía que el problema de no poder concretar, ni transmitir mis valores y herramientas para vivir conscientemente, era que no me quedaba energía, ni tiempo tras dar mis clases regulares.
Ahora, la vida me había facilitado ese sitio idílico en medio de la naturaleza, en silencio, rodeada de personas concentradas también en su propia búsqueda interna y lo único que podía escuchar alto y claro eran mis voces, partes internas que me hablaban de mis miedos, mis juicios, mi arrogancia, mi rabia, mis creencias y mis dudas proyectadas en cada uno de mis actos y en los actos de los que me rodeaban.
Al principio mi cabezonería y tesón, quiso luchar de forma fútil contra esta fuerza vital que forma parte de mí y me decía: “Has venido aquí a crear lo que llevas tanto tiempo queriendo hacer, lo que sientes que es tu propósito; así que, déjate de excusas y de liarte cada día en meditaciones y actividades diarias propias del lugar, para cumplir el objetivo por el que estás aquí. Conecta contigo y escribe”.
Esa lucha, como podéis imaginar, duro poco. Era inútil y yo me sentía exhausta. Así que, me rendí y me dejé llevar una vez más, hasta mis profundidades más lodosas. Me atreví a mirar de frente lo que durante mucho tiempo solo había querido mirar de refilón.
Agradecí a la vida, agradezco y seguiré agradeciendo que este lugar tan mágico y sanador, estaba sostenido por la energía de la naturaleza y de muchas bellas almas que siguen a un gran Ser, llamado Mooji, que trascendió su ego y mediante sus guías y enseñanzas no dualistas me llevó a preguntarme de forma escrupulosa si lo que yo denominaba realidad hasta ese momento, era eso o era más bien lo que los hinduistas denominan Maya (una imagen ilusoria e irreal).
Estar en su presencia era una confirmación de que la energía es palpable, del poder del corazón, la verificación de que es posible lo que para la mayoría consideramos imposible: ser libres de nuestra propia mente, creencias y vivir acorde al corazón.
En cada uno de los satsangs (reuniones con él) nos recordaba que solo yo, cada uno de nosotros, somos responsables de nuestros pensamientos, de encontrar la paz interna que está por encima de las circunstancias cambiantes externas. Nos repetía que nuestra esencia, nuestro Yo es inmutable a los avatares de la vida y a través de la práctica reiterada de esta conexión y escucha de este espacio infinito, se irían cayendo los velos de lo que no soy.
La teoría no era nueva para mí, pues había leído y practicado mucho sobre ello pero la energía que sentía en este espacio, que emanaba de todo y de todos, mi receptividad, mi admiración por los que allí vivían y mi fe, sí que eran distintos.
Así transcurrieron ocho meses. Luchando cada día contra mi escepticismo por todo, ante mí misma, ante los demás. Sintiéndome incómoda por “tanto amor”. La desconfianza me mantenía alerta y mi inspiración creativa me había abandonado por completo.
Me reía de mí misma porque mi sueño dorado hecho realidad, se había convertido en una jaula de oro. En una cita constante con mis demonios más profundos y no había sitio al que poder huir. Así que, me senté con cada uno de ellos, les invité a una infusión de salvia y los escuché.
Observé mis pensamientos, mis emociones y mis acciones como si fuera la primera vez que lo hiciera y me sorprendí en muchos momentos. Me abracé y perdoné con autocompasión en otros muchos en los que mi vieja inercia me llevaba a respuestas obsoletas y poco funcionales. Celebré el darme el permiso de probar, aprender, confiar, cooperar, crear y sobre todo jugar y cantar.
Me cuestioné todo. Lo que creía que sabía y lo que no. Lo que quería hacer y lo que jamás había imaginado como posibilidad. Sentí mis ganas de huir por enésima vez sin saber adónde. Acogí a mi arrogancia y mis juicios por criticar a los demás y a mí misma, por creerme que sabía lo que hacía cuando en realidad solo era una máscara más sutil del control.
Me dejé ver con miradas prolongadas. Sentí la incomodidad de mantener los ojos abiertos y la boca cerrada en esos encuentros. Solté la necesidad de ser reconocida por hacer y comencé a sentir internamente el valor de Ser y mostrarme en cada uno de mis actos. Desaprendí todo lo que había aprendido en el mundo interno claustrofóbico que yo había creado. Cada día con paciencia y esmero sigo quitando uno de los ladrillos con los que construí el muro que me aprisiona para dejar espacio al Universo que Soy, que son cada una de mis células y experimentar su infinidad de posibilidades.
Gracias Mooji, gracias Mooji sangha bhavan, gracias Sahaja, gracias sangha, gracias a todos los seres maravillosos con los que he compartido esta experiencia inolvidable que me ha hecho practicar con constancia cómo volver a casa cada vez que me perdía. Volver al centro de mi Ser donde se encuentra mi espontaneidad y autenticidad.
La inspiración regresó en forma de risas y juego. La gratitud me embarga al viajar a recuerdos compartidos. La vida me sigue llevando de la mano donde necesito y mi confianza y el SÍ, que digo a pulmón lleno me devuelve el baile con el que empecé mis pasos, ahora más ligeros, más sinceros, más humildes. Llenos de amor y gratitud.
Gracias, gracias, gracias.
RECREARTE EN ESPIRAL. UNA NECESIDAD DE MI ALMA.
19 MAYO 2023
Comencé como profesora, aunque a mí me gusta mucho más la palabra maestra (por su significado más amplio y exacto a mi forma de entender la educación) en el 2005.
Sinceramente, no estaba muy ilusionada porque para ello tuve que dejar la investigación sanitaria que me apasionaba pero que por la precariedad con la que se vivía en este país, tenía claro que no quería malvivir por dedicarme a algo que no se apreciaba.
Así que, tras presentarme a las oposiciones “para probar” y ver cómo era el examen, me llamaron para cubrir una sustitución de 8 meses y en 48 horas (porque le pedí un día extra al funcionario con el que hablé) tomé la decisión de seguir enfundada en mi bata blanca pero, esta vez, dando clases.
El comienzo fue igual de duro que emocionante. Los estímulos nuevos me animaban a preparar las clases con ilusión, a jugar de nuevo a ser maestra pero ahora, de verdad, y a disfrutar y sufrir a partes iguales con cada grupo, dependiendo de los alumnos y sus actitudes.
Lo que enseguida me di cuenta es que mucho más importante que los conocimientos que se transmiten, que deben ser exactos, estructurados y entendibles, es el vínculo que se genera entre humanos.
El crecimiento mutuo es el regalo que más aprecio de todos estos años y desde el principio el sistema en el que se enmarca la educación, bajo mi perspectiva, no prioriza, ni considera la esencia, las características únicas que tenemos cada uno y que bajo mi perspectiva es el objetivo real de nuestra vida. Encontrar esos talentos y dones individuales. Valorar en lo que somos buenos, lo que nos hace felices y desde esa pasión, compartirlos con el mundo.
Así que, como buena idealista y soñadora, comencé a formarme en otras pedagogías más humanistas como Montessori y el proyecto de educación de Claudio Naranjo. Con ambos, entre otros, coincidía mi visión de cambiar la educación para cambiar el mundo y sigo creyendo que ese cambio interno se transmite y transforma con solo nuestra presencia.
Introduje en mis clases regulares de biología gran parte de las metodologías, dinámicas y aprendizajes sobre neurobiología, meditación, creatividad, energías, etc. que iba integrando en mi vida para intentar tapar con una tirita la hemorragia con la que me desangraba internamente. Durante 17 años he trabajado en tres países y con edades desde infantil a bachillerato, empapándome de cada vivencia. Nutriéndome con todos los Seres divinos y mágicos con los que he tenido el privilegio de compartir tiempo y espacio.
Cada vez era más consciente de que mi cambio interno sí estaba sirviendo para cambiar mi mundo y eso, me hacía ver con claridad que en este caso, David no podía contra Goliat. Pese a los programas innovadores en los que participaba, mis propuestas y reuniones con los altos dirigentes explicándoles lo esencial de dar un espacio y formación a las emociones y cómo gestionarlas, no es debatible, si no una necesidad imperiosa.
Perdí energía, esperanza y entusiasmo ante las buenas palabras e interminables justificaciones para no hacer nada, para seguir igual que siempre. Después de mi enfado y desesperación, mi parte científica y constructiva se puso de nuevo en marcha para utilizar mi energía de una forma más efectiva y dejarme de chocar contra un muro de hormigón.
Por eso, comencé a practicar en mis clases más dinámicas de neurociencia, de meditación. Compartí mis preguntas con mis alumnos e invité a que se cuestionaran las suyas propias y en este proceso llegó la pandemia. Sin entrar en detalles fue demoledor para mí, ser testigo y acompañar a adolescentes deprimidos, desesperanzados, con desidia, llenos de rabia que no sabían qué hacer con esas emociones porque nadie les había enseñado a hacerlo. Por eso, escribí mi libro: “Cuentos para re-cordis” fue la mejor solución e invitación para brindar una herramienta práctica y de acompañamiento.
A partir de ahí, decidí que no quería seguir formando parte de un sistema que aunque tenga un fuego descontrolado delante de ellos (porque entre otros parámetros, el índice de intento de suicidios también en adolescentes ha subido de forma exagerada), seguimos cambiando las leyes sin sentido y decidiendo si pintamos las paredes y el logo de un color u otro. Por esa razón, de forma paulatina, comencé a ofrecer talleres de autoconocimiento esporádicamente, para adultos y también para adolescentes y niños (que realmente es con quien disfruto y me siento feliz, así que, será mi talento).
Ahora, por fin, me atrevo a dar un paso al lado, mirar de frente a los miedos que acompañan abandonar mi zona de confort, un trabajo que me gusta, la seguridad económica, etc. y apostar con todo, a lo que es coherente en mi corazón: compartir las herramientas que a mí me han servido para conocerme, para cuestionar mis pensamientos automáticos, para elegir conscientemente cómo quiero vivir y crear con ilusión un nuevo mundo interior.
Ahora, con este proyecto te invito a que participes en él. Que recuperes la hegemonía de tu propio reino. Que encuentres lo que te funciona y vuelvas a conocerte de forma apasionada. Porque realmente eres maravilloso, único y un gran regalo para el mundo. Mereces ser aquello que tu corazón te dicta y esa es la única voz que debes distinguir, escuchar y seguir, pues es la única que realmente te aportará paz y felicidad.
Con amor,
Te espero en alguno de estos encuentros y si tienes alguna sugerencia para crear alguno nuevo, dímelo, que siempre estoy abierta a escuchar y cooperar.